Edición Digital Nº 165 - Corresponde al 4 de Febrero de 2010
Gral. Rodríguez,
   
Lucrecia Filomia junto a su amiga María de los Angeles.

Lucrecia Filomía vivió una aventura y lo puede contar

Una rodriguense evacuada desde Machu Picchu

Uno de los factores noticiables que es importante tomar en cuenta cuando periodísticamente abordamos una información es la «proximidad» que esa noticia tiene con nosotros. Y si es algo que sucedió fuera de las fronteras de nuestro país doblemente, ya que primero pensamos si en ese suceso que ha ocurrido hubo compatriotas presentes. Y si entre esos compatriotas hubo gente de nuestra «patria chica», nuestro lugar, nuestro General Rodríguez. Y con estos graves sucesos ocurridos en la región de Machu Picchu, en tierra peruana, El Vecinal tuvo la grata experiencia de mantener un contacto con una joven rodriguense, Lucrecia Filomía, que si bien desde hace dos décadas no habita en su suelo natal porque con sus padres se radicó en la provincia de La Pampa (más exactamente en la ciudad de Gral. Pico), mantiene un contacto fluido con sus parientes que habitan en suelo rodriguense.

Y el breve contacto se dio precisamente en el paso que tuvo por nuestra ciudad, en el escalonado regreso a su casa en la capital pampeana, Santa Rosa, ya que Lucrecia es profesora de Geografía y mantiene una estrecha relación con la Universidad pampeana, por lo que se instaló allí para completar su formación universitaria. Junto a su amiga María de los Angeles Torres planeó este viaje luego de un año intenso y agotador y pese a que estaban alertadas que en esta época del año las lluvias suelen ser habituales en la zona, nada parecía que les impediría conocer la región que tantos turistas de todo el mundo sueñan visitar. La experiencia fue fuerte y aleccionadora y las copiosas precipitaciones pusieron a prueba la resistencia y la voluntad de los viajeros, y extensas jornadas de caminatas y recorridas las encontraron totalmente empapadas, pero satisfechas de poder cumplir con la meta que se habían propuesto como era recorrer el Camino del Inca para llegar al Santuario tan ansiado en el periplo de Machu Picchu.

Los prestatarios de los servicios turísticos contratados tercerizan su trabajo por lo que uno ya pierde el control de quien debe brindar esa prestación y si hay algún tipo de garantía de la calidad de ese servicio que contratamos muy confiados de que no íbamos a tener ningún problema. Ante lo inevitable de la imperiosa evacuación por las pésimas condiciones climáticas continuas a lo largo de jornadas, los responsables se esfuman y nadie responde por los compromisos asumidos, lo que hace que la situación se torne más que compleja y haya que extremar la paciencia, la responsabilidad y por sobre todo la imaginación y la creatividad que, ante situaciones difíciles, suelen ser más bien escasas. Las autoridades peruanas no están a la altura de las circunstancias y dejan a cantidad importante de turistas de variado origen y diverso poder adquisitivo librados a su suerte y para colmo la infraestructura de los servicios del turismo receptivo de la región es decididamente precaria, lo que agrega mayor complicación a lo de por sí compleja problemática.

Las intrépidas viajeras no quieren dejar de destacar la eficaz tarea que desplegaron en estas circunstancias que les tocó atravesar las autoridades de la representación diplomática de nuestro país en Perú, con su titular, Darío Alessandro a la cabeza y también los funcionarios del consulado que estuvieron en todos los detalles y prestaron la debida atención hasta que el último compatriota fuera evacuado en las mejores condiciones disponibles. La Fuerza Aérea de nuestro país aportó las aeronaves Hércules y Fokker en las que los contingentes de connacionales regresaron a suelo argentino y Lucrecia no deja de resaltar el gran esfuerzo físico que requirió de parte de las dotaciones del personal de los aviones utilizados para poder realizar las evacuaciones con la premura necesaria. Ya mamá Graciela (docente que hace 20 años decidió junto a su marido José buscar una mejor calidad de vida en un destino con más tranquilidad que las urbes no pueden proporcionar) está más tranquila de tener sana y salva a Lucrecia y saber que el mal momento ya pasó y solo formará parte de las anécdotas que motorizarán los recuerdos.

El factor noticiable en este caso fue el de proximidad y si bien los medios de prensa pampeanos se refieren a Lucrecia como «la piquense» (por su vida en Gral. Pico) nosotros sabemos que esta joven docente de 25 años nació en Gral. Rodríguez y adquiere relevancia que la distingue por esa misma condición.



 
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